Hna. María Agustina Rivas, religiosa del Buen Pastor: un alma enamorada

 

Déjate tocar por una profunda reflexión de vida: El silencio de un alma enamorada (Hermana María Agustina Rivas, "Aguchita").

camino a la santidad350Mucho se ha escrito sobre la vida de la Hermana María Agustina Rivas: su familia, ese contacto con la creación donde Dios le susurraba con el canto de los pajaritos y le acariciaba las mejillas con la suave brisa del viento en el campo, siendo niña. La educación de sus padres que le marcó su vida vocacional, aprendiendo el catecismo, gustando y viendo lo bueno que es el Señor, asistiendo todos los días a la Santa Eucaristía. Y todos sabemos que ya estaba viviendo la "Palabra de Dios" en su propia carne y corazón, pues como en el Cantar de los Cantares, ya su alma enamorada se estaba dejando seducir por el único que ofrece un amor sincero y día a día, se encontraban a escondidas para susurrarse y dejar destilar todo el lenguaje del amor de enamorados cuando se encuentran.

Sabemos por fe, que no fue casualidad su encuentro con las Hermanas del Buen Pastor, ya que el mismo Jesús dice: "Nadie viene a mí, si mi Padre no lo atrae" y fue lo que le ocurrió al tener ese contacto directo con Dios, en las Hermanas.
También sabíamos que su deseo de trabajar con los más pobres, con los campesinos, era ese ramo de flores del buen Dios, que estaba esperando para conquistarla y que ella no lo dudó dos veces para aceptarlo, al sentir que ese gran anhelo lo había ya encontrado cuando tuvo ese contacto con las Religiosas de la Congregación del Buen Pastor.

Sabemos que la noche era su perfecta aliada para encontrarse a escondidas con el Amado, seguramente sentía ese abrazo amoroso de la tibia brizna nocturna y en su oración, encomendaba muy especialmente a los sacerdotes, para que fuesen fieles y santos, como pide Jesús: "Sed Santos, como mi Padre y yo somos Santos", además del respeto que sentía por sus superioraa

Compartía con sus hermanas contemplativas; colaboraba mucho en la Comunidad; gustaba dar testimonio con su estilo de vida

En el año 87, partió hacia el lugar donde dio su vida por los demás, La Florida. Eran tiempos de guerra y este lugar, no era exento de esta triste realidad que ahogaba al país Peruano y lo hundía en el abismo de una sociedad agobiada. Decía "Aguchita": "Desde que llegué a La Florida me dediqué a los moradores de aquel lugar con el mismo amor que acostumbro darles siempre. Nunca hice acepción de personas, amé a todos. Amar al pobre es amar la vida. Es amar al Dios de la Vida. En aquella Comunidad mi trabajo fue especialmente con la joven y la mujer del campo, con los más pobres del lugar. Conmigo las niñas y mujeres aprendían a rezar, a tejer, hacer el pan y cuidar de las plantas y de los animales". Como vemos, las huellas que dejó nuestra Hermana, no se quedaban en la arena, no, se quedaban en el corazón de cada mujer, niño u hombre y dejaba la semilla de la que habla Jesús en cada uno y con toda seguridad, fueron más los frutos, porque esa semilla, cayó en tierra buena, en moradores buenos.

Pero, muy pronto vino para ella la hora de dar testimonio del Amado y tenía por ventura, vivir en cada momento las bienaventuranzas, catálogo que nos dejó nuestro Señor Jesucristo, para alcanzar la eternidad. Recordémoslas y pensemos cómo nuestra hermana las cumplió. (Las Bienaventuranzas Lc 6, 19-23).

Creo que no hay duda que nos dejó la viva muestra de cómo se deben vivir las Bienaventuranzas aunque ello represente dar la vida por los demás.

 

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