En la Presentación del Señor contemplamos a Jesús como luz ofrecida al mundo. Esa misma luz inspira el carisma de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, llamado a acoger, sanar y acompañar con misericordia a quienes necesitan ser mirados con dignidad.
La vida consagrada en el Buen Pastor prolonga ese gesto de entrega mediante un servicio cercano y concreto, haciendo visible a Cristo en cada mujer, niña y familia que busca protección y una nueva oportunidad. Allí donde la vida ha sido herida, la consagración se vuelve acogida, escucha y camino de restauración.
Hoy celebramos a quienes, siguiendo al Buen Pastor, hacen de su vocación una luz que guía y una presencia que transforma. Que esta fiesta renueve la alegría de servir y la valentía de amar sin condiciones.
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