La Condesa Genoveva de Andigné, el ejemplo vivo del compromiso laical

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Un 8 de julio de 1846 Santa María Eufrasia traspasada de dolor agradecía a Dios por la gran amiga que acababa de pasar al cielo, 

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a los 85 años de edad dejando un gran vacío en la Casa Madre, la condesa Genoveva de Andigné.

"Se extinguió dulcemente en medio de las oraciones y de las lágrimas de las religiosas que la amaban como a su madre; se celebraron numerosas Eucaristías y la Comunidad guarda piadosamente su recuerdo".

Las vidas de Genoveva y Santa María Eufrasia se entrelazaron cuando esta viuda visitaba en el Monasterio de NSC de Tours a una vieja amiga de su familia: la Hna María de San Hipólito Botmilliau. Allí descubrió en la Madre Eufrasia una mujer excepcional, la fue acompañando en su camino de joven superiora en Tours y luego de fundadora de la Congregación de NSC del Buen Pastor.
La señora de Genoveva llamaba con mucho cariño a la fundadora "la Madre de la Esperanza", y ésta, a su vez, la llamaba "La Madre de la Caridad".
Por mucho tiempo la señora Genoveva asistió a los oficios del coro con las religiosas. Tenía su reclinatorio detrás de los sitiales. Rezaba cada día el oficio de la Santísima Virgen. También participaba algunas veces de la recreación de la comunidad.

El valor de comprometido espíritu laical

Procuraba bienhechores, proporcionaba gastos a la Madre Eufrasia, daba a conocer el Buen Pastor en su círculo social y con ello lograr ayudas, puso a disposición de la Madre Pelletier su fortuna y su influencia, Sería interminable enumerar sus muchas donaciones, entre ellas: contribuyó con cinco mil francos para la fundación, vestía todos los años a veintiuna niñas de la casa. Con frecuencia daba una pequeña pensión para la entrada de las más pobres. Además se encargó del huerto, que hizo plantar de árboles frutales de las mejores semillas, y en el cual tenía cuidado de cultivar legumbres en toda estación. Con una herencia que acababa de recibir, realizó diversas mejoras de utilidad. Erigió una capilla de la Inmaculada, en el jardín. A los claustros, hasta entonces muy sombríos, se les dio luz por medio de vidrieras sostenidas por columnas; se hicieron mejoras importantes en el servicio. Para varias fundaciones la señora de Andigné proporcionó los vasos sagrados: cáliz, custodia, ornamentos de iglesia, el ajuar de las hermanas y frazadas para el viaje. En fin fue un apoyo económico, espiritual, y afectivo para la joven superiora María Eufrasia Pelletier y la Obra del Buen Pastor. (hermanasbuenpastor.org)

 

 

 

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